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Me duele, pero…

Me duele, pero…

La Crítica, 12 Julio 2017

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Me duele cómo los mezquinos intérpretes de varia lente ideológica deforman la historia a tenor de su interés del día, de su vocación de poder perpetuo. ¿Tendrán todos los partidos vergonzosa vocación de partido único? Cuentan una historia que no es tal, pretenden manipular, ¡envenenar!, los mejores sentimientos de los ciudadanos no adscritos a ninguno. Y no digo los que se consideran neutrales, de los que recelo, sino los independientes, los libres que, ante cada situación, criban con sus valores, conocimientos y experiencias la infoxicación ―sobrecarga informativa― con la que dichas sectas ―no otra cosa parecen― tratan de llevarnos a la mediocridad del obediente y manipulable súbdito. Me duele, pero…

Me duele la varia y sectaria manipulación del vigésimo aniversario del asesinato de Miguel Ángel Blanco. Me duele que se olvide que aquel 10 de julio, con Miguel Ángel, fuimos todos secuestrados porque, una vez más ―¡cuántos nombres, cuántos muertos, cuántas víctimas!― se nos raptó, ¡a todos!, la libertad conquistada, se chantajeó a toda la ciudadanía de bien. Me duele que se olvide que hasta la tarde del día 12 en que fue asesinado, en que fuimos asesinados, todos vivimos en el terror. Nadie, salvo sus íntimos, sintió más que otro. Todos fuimos uno contra la barbarie, contra el terrorismo de ETA y todos tuvimos, en Miguel Ángel, presentes a todas las víctimas: civiles o no, de unos, de otros, o de todos, ¡tantos! ¿Ya han olvidado que, cada vez que ETA secuestró o asesinó a alguien, nos secuestró y asesinó ¡a todos!? ¿No ponían estos sectarios, como creo hacíamos todos los ciudadanos de bien, el rostro de nuestros seres más queridos sobre el de cada víctima, como temida, aleatoria posibilidad? ¿O alguna cabeza albergaba razones para el terror? Me duele, pero…

Me duele el olvido de que aquella fue la sangre que puso a la ciudadanía, antes que a los partidos, contra sí misma, ante la inaplazable necesidad de recuperar la valentía, de despreciar, aun sintiéndolo, el miedo; ¿olvidaron el gesto de aquellos «ertzainas», el mismo día 12, quitándose casco y capucha ante la sede de HB, en Amara, con lo que ello suponía? ¿Olvidaron las libres manos blancas? Me duele el olvido de que aquel día tampoco, como tantos otros, nos rendimos los demócratas ante el terror de ETA, porque todas las víctimas eran nuestras, ¡todas de todos! Todo esto, y mucho más, me duele, pero… me fortalece para perseguir, acto a acto y para todos, el asumido lema de: ¡Libertad, Igualdad, Fraternidad!

Juanmaría G. Campal
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